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La evolución de las técnicas de manipulación audiovisual generará nuevas problemáticas en nuestro futuro mundo digital

Ya son familiares y de uso corriente las múltiples opciones que algunas apps y redes sociales nos ofrecen para retocar nuestras imágenes y videos según la emoción que deseemos transmitir o la realidad que queremos filtrar.

Sin embargo, gracias a los avances en los campos de la inteligencia artificial –en específico, las redes neuronales-- y el procesamiento de gráficos, se han desarrollado nuevas herramientas de manipulación de audio y video que permitirán la creación de videograbaciones realistas donde cualquiera podría aparecer confesando cualquier cosa. Trump revelando su pasión por las aguas doradas, Felipe Calderón su alcoholismo o Peña Nieto su analfabetismo. Este es el futuro de las noticias falsas.

Varios equipos de investigación estadounidenses se encuentran capturando y sintetizando los diferentes aspectos audiovisuales de la comunicación humana. Entre ellos destaca la Universidad de Stanford con su software “Face2Face”, capaz de manipular video de figuras públicas como George W. Bush, Putin o Trump y sobreponer en tiempo real palabras nunca pronunciadas, utilizando únicamente una webcam.

Si a lo anterior se le añade un sintetizador de voz, la ilusión de veracidad se duplica. La Universidad de Alabama en Birmingham ha investigado y desarrollado herramientas de alteración de voz en un esfuerzo por diseñar sistemas de autenticación más seguros, pues se ha demostrado que con un audio de 3 a 5 minutos tomado de la radio o de la web un agresor puede sintetizar una voz capaz de engañar humanos y sistemas de seguridad biométricos utilizados por bancos y smartphones.

Como muestra del método para animar imagen --la boca, específicamente-- a partir de una pista de audio la Universidad de Washington elaboró el proyecto Sintetizando a Obama, en el cual los estudiantes tomaron el audio de un discurso de Obama y lo usaron para animar su cara en un video distinto mediante el empleo de redes neuronales artificiales que analizaron, sintetizaron y reprodujeron la cadencia de los movimientos al hablar.

No obstante, las diferentes técnicas aún no están perfeccionadas. Las expresiones faciales no parecen naturales, las voces aún suenan robotizadas, y las luces y las sombras, así como la perspectiva del entorno pueden delatar su fabricación. Pero gracias al avance tecnológico, eventualmente se podrá recrear fielmente el sonido y la apariencia de una persona. Esta sofisticación abre una amplia gama de problemáticas potenciales a nivel individual y global. Un agresor podría suplantar a un familiar o a uno mismo para perjuicio personal, o bien, podría suplantar a algún líder político-militar y desatar un conflicto imprevisto, sin contar los retos periodísticos para mantener la credibilidad.

Existen suficientes pruebas de los estragos de la desinformación. La tecnología tiene el potencial de revolver más el río para ver qué pescadores ganan. 

Tony Fadell cuestiona seriamente la tecnología digital que él mismo ha ayudado a propulsar

Tony Fadell era vicepresidente de Apple cuando se desarrollaron el iPod y el iPhone y fue instrumental en la creación de estos aparatos, que han definido una era. No es que Fadell se arrepienta del todo de lo que hizo, pero se lo cuestiona seriamente. Y su esposa también. De acuerdo con Fadell, cada vez que su esposa ve a uno de sus hijos absorto en el resplandor azulado de un smartphone o tableta, lo mira como recordándole que él es en parte responsable. Quizás la tecnología de cualquier manera hubiera llegado y todo sería más o menos lo mismo. Pero al menos esto hace que Fadell esté actualmente reflexionando y creando conciencia en torno a ciertos efectos de la tecnología digital

Fadell mantiene que el problema con que las pantallas habiten ubicuamente nuestro mundo es que nuestros aparatos están sistemáticamente diseñados para provocar adicción, algo que es especialmente dañino para las nuevas generaciones. La forma en la que estos aparatos son usados es indistinguible de una droga en muchos aspectos. Cuando a las nuevas generaciones les quitas la tecnología, "literalmente sienten como si les estuvieras arrancando un pedazo de su ser --se ponen muy emocionales. Entran en abstinencia por 2 o 3 días".

Según él, muchos desarrolladores que en su juventud no tenían ningún reparo en crear los nuevos dulces tecnológicos de tal forma que fueran irresistibles, hoy, ya que tienen hijos, son mucho más cautos y se dan cuenta de que deben existir ciertas regulaciones. Se dice famosamente que Steve Jobs no permitía que sus hijos usaran el iPad.

Fadell en ninguna medida considera que la tecnología es mala. Pero reconoce que la forma en la que estamos dirigiendo la programación y el diseño de estos aparatos está más orientada a satisfacer necesidades individuales y egoístas que comunitarias. Los gadgets están diseñados para satisfacer la idea de libertad individual, obedecen a la ambición del mercado y no a un compromiso con el entorno. Los aparatos satisfacen sobre todo nuestros deseos inmediatos personales pero no contemplan cuestiones más amplias, a largo plazo. Promueven, en suma, autoabsorción y no involucramiento con la realidad inmediata que nos rodea.

Aunque piensa que esto es algo que ha sucedido sin que nadie lo haya planeado, Fadell cree que es necesario subir el nivel de responsabilidad entre los desarrolladores. Propone un código hipocrático, basado en la misma norma médica de "primero, no hacer daño": "Creo que debemos estar muy conscientes de las consecuencias no pensadas, pero también debemos reconocerlas y eliminarlas del diseño --asegurarnos de que estamos diseñando éticamente". Esto es algo importante, advierte, porque la tecnología cada vez progresará más rápido, a velocidades que pueden arrasar nuestra capacidad de tomar medidas al respecto si no empezamos ahora.

 

Foto: Constantin Renner, vía Fast.Co