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Por ejemplo, se sabe que Dalí visitaba burdeles en París, como Le Chabanais; sin embargo, no existen pruebas de que se acostara con mujeres ni hombres: él se contentaba con mirar

En las últimas semanas ha surgido la noticia de Pilar Abel, la mujer que reclama ser reconocida judicialmente como la hija del pintor catalán Salvador Dalí. Si bien puede generar desinterés debido al largo tiempo que el artista se extinguió entre las pinceladas de sus pinturas, es un buen momento para rememorar un poco sobre su vida e intereses sexuales sin afán de profundizar en el morbo.

Salvador Dalí, reconocido internacional y familiarmente por su aversión hacia el sexo femenino, salvo con su magnánima Gala, era un hombre que encontraba su placer en el voyerismo, el fetichismo, el onanismo y de vez en cuando en entregarse a los deseos eróticos homosexuales. Sin embargo, de acuerdo con Josep Playà Maset, colaborador de La Vanguardia, existen “varios episodios de su vida que siguen siendo confusos y misteriosos”.

Playà va lentamente relatando acerca de la primera novia del pintor: Carme Roget, una chica que conoció con 15 años en las clases de la escuela municipal de dibujo, dirigida por el profesor Juan Núñez, en la ciudad de Figueres. Se dice que Carme y Salvador mantuvieron un prolongado amor romántico al que el último apodó “el plan quinquenal”. No obstante, cuando él tan sólo tenía 16 años, un buen día en la rambla de la ciudad, el padre de la chica le “dio un sonoro bofetón”, provocando que él escribiera en una carta: “Yo también he creído en el amor… Pero para mí ha sido muy cruel… Siempre me he enamorado de un imposible… Me he enamorado del arte..., estoy enamorado de una muchacha más hermosa que el arte, pero también más imposible”. Sin embargo, esta historia de amor acabó cuando Dalí se mudó por estudios a la capital de España.

Ahí, en su nueva vida de estudiante/turista, asistió a juergas en las que, según Buñuel, él se quedaba al margen cuando se trataban de burdeles. No obstante, en esa época aparecieron dos nombres en sus escritos: Margarita Manso, de Madrid, y Ramoneta Monsalvatge, de Figueras. Ambas, según parece, “representan a la mujer cosmopolita, moderna y liberal de costumbres”. Desgraciadamente, hasta la fecha, no existen pruebas de algún contacto erótico con ellas más allá de admiración.

Según Playà, los siguientes años Dalí pasó más tiempo con su hermana Anna Maria, a quien utilizó como modelo exclusiva para casi todas sus obras. No obstante, cuando Gala llegó a Cadaqués, Cataluña, en 1929, esta relación fraternal se rompe. Para Dalí, Gala no era sólo una mujer sexualmente liberada y experimentada; fue la musa que inició su revolución pictórica.

Gala se mudó a Cadaqués con su marido, el poeta Paul Éluard, quien era 10 años menor que ella y con poco conocimiento sobre el dominio sexual. Incluso se dice que el sexo para Éluard era aterrador, pues desde muy joven su padre le alertó sobre los peligros de las infecciones sexuales, y recibió las burlas de sus amigos de juventud por el tamaño de su miembro. Y sin importar el estado conyugal de Gala, Dalí empieza a “pintar desaforadamente para preparar su primera exposición en París” y alcanzar a su musa a estas obras trascendentales. Entre sus obras se encuentra El gran masturbador y otro cuadro que se burla de la institución familiar. Desde entonces Gala y Dalí se quedaron juntos hasta el fin de sus tiempos, permaneciendo abiertos a nuevas y diversas experiencias sexuales.

Por ejemplo, se sabe que Dalí visitaba burdeles en París, como Le Chabanais; sin embargo, no existen pruebas de que se acostara con mujeres ni hombres: él se contentaba con mirar. Y al regreso a su tierra catalana, menciona Playà, Dalí solía pedirle al dueño de un restaurante de Figueres, Lluís Duran, que lo acompañase a la Torre Vasca, un local de prostitución alejado del centro de la ciudad. Se cuenta que:

Dalí pidió a las chicas que se desnudaran y se pusieran en fila. Iban pasando delante de él, y con el bastón les tocaba el culo mientras se masturbaba. También se hace mención de una ocasión en que el escritor y periodista Josep Pla y Salvador Dalí se encontraban cenando, mientras que el último hizo sentar a su lado a una chica joven a la que le colgó unas cerezas en la oreja y empezó a hablar de la forma de su trasero. A Pla no le gustó ese comportamiento, por lo que le dijo: “Hombre, Salvadorcito, qué cojones haces, además todo el mundo sabe que eres un impotente de toda la vida.”

Y Dalí respondió: “Pla, ¡no te enfades de esta manera! ¡Todo el mundo sabe que tú eres el rey de las putas!”.

También se sabe que en la casa de Cadaqués, en donde habitaban Gala y Dalí, solía haber modelos desnudas en el taller y en el jardín; no obstante, ninguna ha admitido haber mantenido alguna práctica sexual con el pintor, salvo la cantante Amanda Lear. Ya a finales de la década de los 70, Lear, quien previo a su operación transexual se llamaba Alain Tapp, se convirtió en la acompañante habitual de Dalí, mientras que Gala se refugiaba en chicos jóvenes. Y finalmente, después de ella, continuó Carlos Lozano, un trotamundos colombiano de aspecto andrógino, quien en su libro de memorias concluyó:

Dalí era un voyeur, un masturbador, un perverti­dor. Pero si tenía alguna inclinación sexual era hacia los hombres y sólo para los hombres. No soportaba que lo tocasen las mujeres y yo notaba su sensación de aversión en las raras ocasiones en que eso sucedía.

Líderes religiosos cristianos, judíos y budistas toman "hongos mágicos" en nuevo estudio científico

Psiconáutica

Por: pijamasurf - 07/21/2017

Los resultados preliminares indican una mayor apreciación de los aspectos universales, no sectarios de la religión

El renacimiento de la investigación psicodélica sigue en marcha, y un nuevo capítulo está por escribirse. Podría empezar como un chiste: "Un rabino, un cura católico y un monje budista entran a un bar y piden 'hongos mágicos'".

Investigadores de Johns Hopkins, la universidad pionera en estudios con psilocibina en esta nueva etapa de la medicina psicodélica, han reclutado a una serie diversa de miembros de diferentes religiosos para que tomen "hongos mágicos" bajo escrutinio científico. Y es que los últimos años han notado que la sustancia activa de los "hongos mágicos" tiende a generar profundas experiencias místicas, a la vez que permite tratar a pacientes que sufren de ansiedad, depresión y otros padecimientos.

El equipo liderado por el doctor William Richards ha conseguido la participación de miembros de la iglesia católica, ortodoxa, presibiteriana, un monje budista y varios rabinos. Se busca todavía un imam musulmán y un sacerdote hindú.

El experimento consiste de dos sesiones --la segunda, 1 mes después de la primera-- en las que se ingieren fuertes dosis de psilocibina y se escucha música religiosa mientras los participantes se acuestan en un sofá en la oscuridad, con la supervisión de un guía médico.

Algunos de los participantes ya han llevado a cabo sesiones, y según Richards todo va viento en popa, sin que nadie se arrepienta de la experiencia. Reportes tempranos sugieren que la experiencia psicodélica tiende a reforzar la fe de los psiconautas eclesiásticos y genera una mayor apreciación de su rica herencia religiosa. No obstante, lo más interesante es que, al parecer, después del viaje los líderes religiosos se inclinan a una visión menos sectaria y más universal de la religión.

"Obtienen una mayor apreciación de las otras grandes religiones. Son otras formas de subir a la montaña, por así decirlo", explica Richards. "En estos estados trascendentales de conciencia, las personas llegan a niveles de conciencia que parecen ser universales. Así que un buen rabino puede encontrarse con el buda interior".

Richards cree que en un futuro las sustancias psicodélicas podrían usarse en el entrenamiento de rabinos o en la educación de diferentes monjes y sacerdotes.

Algunos investigadores han teorizado que las sustancias psicodélicas podrían estar estrechamente vinculadas con el inicio de las grandes religiones. Un ejemplo de esto es el ritual del soma en la India védica. Por otro lado, el arqueólogo John Marco Allegro argumentó, en su libro The Sacred Mushroom and the Cross, que el cristianismo tiene su origen en un culto esenio centrado en el consumo de hongos alucinógenos.