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El origen “histérico” del psicoanálisis en una novela gráfica (IMÁGENES)

Libros

Por: pijamasurf - 09/11/2017

Sin la histeria, el psicoanálisis nunca hubiera aparecido en la historia de la mente humana

Cuando se mira sin prejuicios, la historia del psicoanálisis es admirable. No ha sido común en el desarrollo del conocimiento humano que una sola persona sea capaz de erigir casi sólo por sí misma toda una disciplina, utilizando poco más que su perspicacia y su inteligencia. Tal fue el caso de Sigmund Freud, quien en cierto momento de su formación intelectual se dio cuenta de la necesidad que había para la psique humana de su época de expresarse de otro modo.

Quizá no muchos sepan que, en sus inicios, Freud entró en relación con los acercamientos clínicos a la mente humana, la psiquiatría, que entonces estaba abocada en tratar los padecimientos mentales como padecimientos fisiológicos y en algunos casos anatómicos, como desviaciones o defectos que podían enmendarse. Así, por ejemplo, la frenología, que a partir de la medición del cráneo aseguraba poder “predecir” el comportamiento de una persona: si alguien era criminal o genio, tonto o inteligente. 

En el caso de Freud, sus trabajos iniciales con la psique ocurrieron al lado de Jean-Martin Charcot, quizá el médico más afamado de su tiempo, él mismo uno de los pioneros de la neurología moderna y que cobró reconocimiento por sus estudios sobre la histeria. En este tiempo, era sobre todo en mujeres en quienes recaía el diagnóstico de histeria, y la “cura” prescrita consistía casi siempre en choques eléctricos, baños de agua e inducción erótica con mecanismos singulares. En todos estos casos, el objetivo primordial era inducir orgasmos en las mujeres, pues vagamente se intuía una relación entre la histeria, los síntomas psicosomáticos (parálisis parciales, pérdida de la voz, etc.) y el ejercicio de la sexualidad.

Durante su tiempo con Charcot, Freud se dio cuenta cabalmente de dicho nexo. La mente, en efecto, es capaz de enfermar al cuerpo, pero casi siempre porque los impulsos de éste resultan reprimidos en algún punto de su desarrollo por las normas culturales que se imponen sobre nuestra psique. Lo cual, por otro lado, no puede ser de otro modo, pues en cierta forma es el precio que pagamos como especie por la civilización.

Ahora esta historia –de histeria– es el tema de una interesante novela gráfica creada por Richard Appignanesi y Oscar Zárate, autor e ilustrador que se dieron a la tarea de contar cuadro a cuadro el surgimiento de una disciplina que si bien ha sido siempre polémica, para muchos ha resultado en tratamiento y cura de las represiones impuestas por la razón.

En Histeria (ecc ediciones), los autores muestran la relación entre Charcot y Freud, las manifestaciones de la histeria en mujeres de finales del siglo XIX y principios del XX, la hipnosis, el mundo de los deseos reprimidos y, sobre todo, la genial intuición de Freud para vislumbrar lo que a la postre serían los pilares de la disciplina que fundó.

 

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Leer ha sido mi soberanía y mi elegancia: Roberto Bolaño sobre la riqueza de la literatura

Libros

Por: pijamasurf - 09/11/2017

¿De qué sirve leer? En una entrevista de 1999, Roberto Bolaño dio una de las mejores respuestas posibles

Todos sabemos que leer es bueno, provechoso, útil, deseable y, en fin, tantos adjetivos positivos como se le pueda añadir a esa acción. Lo sabemos, es cierto, pero quizá sólo porque desde distintas partes se nos asegura eso, como si se nos intentara convencer no tanto por el razonamiento sino por mera repetición. Leer es bueno, ¿pero por qué?

No existe una sola respuesta a esa pregunta. En cierta forma puede decirse que cada persona encuentra en su experiencia como lector aquello que la lectura le da sólo a él, porque en buena medida la lectura es una experiencia subjetiva: los libros son como espejos que nos devuelven el reflejo de aquello que estamos listos para saber, escuchar, advertir. En este sentido, la experiencia de lectura de un mismo libro puede ser muy distinta si lo leemos a los 15 o a los 30 años, por obligación o por curiosidad, en un momento feliz de nuestra vida o en uno atravesado por la angustia. Puede ser un libro celebrado y recomendado durante muchos siglos y, aun así, puede ser un libro que no nos diga nada; o viceversa.

Con todo, existen ciertas cualidades que aun partiendo de la subjetividad resultan comunes en casi todos los lectores de todas las épocas. El hecho, por ejemplo, de que leer amplía nuestros horizontes, es decir, que los libros nos descubren ámbitos de la realidad, en prácticamente todos sus niveles, que hasta entonces ignorábamos. Algunos estudios de la neurociencia y la psicología contemporáneas han concluido que leer también nos hace más empáticos e incluso más compasivos con nosotros mismos y con los demás. Leer nos da vocabulario y entendimiento del lenguaje, lo cual tiene efectos en la salud cerebral. Leer agudiza nuestra mente, nos hace más críticos, mejora nuestra memoria. También, en ciertos casos, nos hace notar qué de la vida de verdad importa: la belleza, lo duradero, la cercanía con los otros, etc., y con ello es capaz de mejorar nuestra existencia.

En esta ocasión quisimos agregar a este elogio de la lectura el fragmento de una entrevista que Roberto Bolaño dio a la periodista María Teresa Cárdenas y el poeta Erwin Díaz en Chile, en 1999, en uno de los últimos viajes en que el escritor hizo a su país natal. Bolaño para entonces era ya el novelista reconocido que por tanto tiempo batalló para ser, y con esa ironía lúcida que lo caracterizó en entrevistas como ésta, resolvió en pocas palabras esa interrogante aparentemente enigmática de por qué leer es útil. Dijo Bolaño:

–¿Para qué le ha servido a usted la literatura?

Podría dar una respuesta aparentemente poética: "para no morirme", pero es falso, yo seguiría vivo y probablemente con mejor salud si no hubiera optado por la literatura. A mí la literatura me ha servido básicamente para leer. En el momento en que decido que voy a ser escritor, me pongo a leer. Y gracias a la literatura he podido leer libros maravillosos, increíbles, como encontrar tesoros. Y en mi vida, que ha sido más bien nómade y de una pobreza extrema en ocasiones, el leer ha contrapesado esa pobreza y ha sido mi soberanía y ha sido mi elegancia. Podía estar en cualquier situación y si leía a Horacio, por ejemplo, el dandy, el que estaba viviendo por encima de sus posibilidades era yo, siempre. La literatura a mí me ha producido riqueza, es riqueza.

Este párrafo fue compartido recientemente en el sitio Calle del Orco. La entrevista se publicó originalmente en el suplemento “Revista de Libros” del diario chileno El Mercurio el 25 de octubre del 2003.

¿Qué te parece? ¿Coincides con Roberto Bolaño? ¿Leer nos da una riqueza que no encontramos de ninguna otra forma? No dejes de compartirnos tu opinión.

 

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